Los rayos de luz que se filtran por los agujeros de la ventana. El ruido del tráfico en la calle nos intenta atraer al mundo real. La tele de los vecinos con un volumen insólito quiere romper la magia que flota en la habitación. No puedo dejar de mirarte, ni un solo instante: tengo que grabar cada rasgo de tu cara en mi mente para cuando llegue la hora de irme. Te mueves, y me pasas el brazo por encima atrayéndome hacía a ti. Me acurruco en la línea de tu cuello mientras me pierdo en su olor. Creo que hoy no podremos levantarnos de la cama pero, a quién quiero engañar, nada me apetece más que comerte con helado de fresa.
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Fuera del olvido...