Charlotte estaba sentada
frente a su máquina de escribir nuevamente. Todos los días, al ponerse el sol,
se acomodaba en su sillón rojo e intentaba contarle algo al papel reciclado.
Siempre obtenía la misma respuesta: gran cantidad de bolas de papel arrugadas
decorando su escritorio. A lo que se sumaba, la terrible frustración de otro
día perdido. Desde hacía un año, repetía el mismo ritual esperando que algún
días las palabras cobraran vida propia y crearan una combinación única, como
solía ocurrir antaño. Tenía una lista de todas las cosas que hizo el último día
que la acompañó la inspiración e intentaba entender cuál había sido su error.
Buscaba el momento en el que las musas la dejaron abandonada a su suerte.
Aquella noche, durante un sueño, comprendió que sus historias no deberían ser
creadas para salir a la luz sino para curarle el alma, como lo habían hecho
siempre.
Al
atardecer del día siguiente, con los últimos rayos de sol incidiendo sobre su
pelo, confesó a las palabras lo mucho que las había echado de menos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Fuera del olvido...